La dependencia a la nicotina es un mecanismo tan potente que ha llevado a plantear varios modelos para explicarla e intentar combatirla.
La nicotina, además de considerarse como un componente más del cigarrillo, debe ser conceptualizada como un tipo de sustancia o droga y, en este sentido, los fumadores debieran considerarse como individuos con dependencia a ella. Como ya mencionáramos en una nota previa (Adolescencia y adiccción al tabaco) la dependencia se caracteriza por una serie de parámetros entre los cuales se destacan la tolerancia y los síntomas de abstinencia.
La dependencia, es decir, la necesidad de aumentar el consumo para obtener los mismos efectos, se produce porque la nicotina se metaboliza (transforma) muy rápidamente. Los receptores (lugares en los cuales una sustancia actúa dentro del organismo) de la nicotina, cuando se hallan habituados por el uso continuo de cigarrillo, reducen su sensibilidad. Esto hace que sean necesarios niveles cada vez más altos de nicotina para poder tener los mismos efectos.
La manifestación de abstinencia que se produce por la falta de nicotina en un fumador puede ser la responsable de la existencia de decaimiento, irritabilidad, angustia, o ansiedad, disminución de la frecuencia cardíaca, insomnio, dificultad para concentrarse, apetito y aumento de peso corporal.
Como puede observarse con claridad, todas estas manifestaciones son muy indeseables para el fumador y son, evidentemente, las principales responsables de los frustrados intentos por dejar el cigarrillo.
Efectos de la nicotina
La nicotina ingresa con rapidez al organismo a través de los pulmones, las mucosas nasal y bucal, la piel y el aparato digestivo. El 20% de la nicotina contenida en un cigarrillo se inhala y enseguida ingresa en la circulación sanguínea, por lo que 2 a 3 minutos después del inicio del consumo de un cigarrillo ya alcanza elevados niveles en sangre. Una vez en la circulación, llega previsiblemente a diversos órganos como el cerebro, atraviesa la placenta y alcanza a todos los líquidos o fluidos corporales, incluyendo la leche materna. El hígado metaboliza la nicotina, que luego se elimina por el riñón; todo ello de manera muy rápida.
Aunque al comenzar a fumar, la nicotina provoca náuseas y vómitos (por estimulación del centro del vómito en el sistema nervioso central y los receptores sensitivos del estómago), rápidamente se desarrolla la tolerancia. El hecho de que la nicotina estimule las funciones cognitivas, la atención, y la memoria explica los “beneficios” observados por los fumadores. Por otra parte, reduce el apetito, lo cual lo transforma en un aliado de personas (en general adolescentes o jóvenes) que quieren conservar su peso sin mayores esfuerzos.
Como todo el proceso de metabolización es muy corto, los fumadores despiertan por la mañana con síntomas de abstinencia, es así que buscan consumir desesperadamente su primer cigarrillo del día, lo cual constituye un poderoso refuerzo del hábito de fumar. Aunque todas las formas del uso de tabaco suministran nicotina al organismo, los picos más altos de concentración sanguínea de esta sustancia se obtienen con el cigarrillo, que supera, en este sentido, al acto de mascar tabaco o al efecto producido por la goma de mascar con nicotina.
La explicación de la ciencia
Los científicos han propuesto dos modelos de dependencia a la nicotina: el neurobiológico y el de aprendizaje asociativo.
El mecanismo neurobiológico se fundamenta en los mecanismos de activación neurológica que promueven un sentimiento de satisfacción y placer.
Cuando se activan, generan sus propias acciones para que esa estimulación prosiga. Intervienen diversos mediadores o transmisores químicos cerebrales y hasta diversos núcleos o zonas del cerebro y del sistema nervioso en general, que intervienen favoreciendo, en última instancia, el proceso que lleva a estimular y la conducta de fumar.
El mecanismo o modelo de aprendizaje asociativo se basa en el postulado de que cuando una acción se repite de manera suficiente, esa conducta se codifica en la memoria de modo tal que su reiteración es casi un hecho normal o inevitable. Esta conducta involuntaria y habitual se caracteriza, como puede suponerse, por una falta de control conciente del individuo, asociada a la expectativa (o anticipación) de los efectos que se producirán con el uso de la sustancia. Quienes propugnan este modelo consideran que podría ser útil utilizarlo en contra del cigarrillo, generando expectativas de síntomas no deseados (por ejemplo, problemas respiratorios).
Como puede observarse, se trata de procesos complejos que demandan una asistencia coordinada para su resolución. Afortunadamente, en la actualidad existen varios recursos para poder abandonar el hábito de fumar. Consulte a su médico al respecto.
Editora Médica Digital, junio de 2010
Gentileza del Dr. Luis Quero
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